Por Rev. P. Andrew Sandlin
La tarea de la apologética es la defensa del cristianismo. Es la comunicación de las buenas razones para la esperanza que hay dentro de nosotros (1 Pedro 3:15). Todas las estrategias apologéticas pueden eventualmente ser reducidas a dos metodologías: la apologética clásica y la apologética presuposicionalista. La apologética clásica se describe de esa forma porque ha tenido influencia durante mucho tiempo en la historia de la Iglesia. Inició con los apologistas griegos en la Iglesia Patrística, quienes desarrollaron respuestas racionales a las clásicas objeciones al cristianismo por parte de los paganos (y de los judíos incrédulos).
Apologética Clásica
Hay muchas variaciones fundamentales de la apologética clásica, pero este método puede ser entendido en una oración breve y sencilla: es posible validar al cristianismo (al menos con un alto grado de probabilidad) sin presuponer al cristianismo. En términos filosóficos, la apologética clásica es fundacionalista, en lugar de contextualista. El fundacionalismo es una perspectiva con respecto al conocimiento que postula que comenzamos a partir de un punto básico y cierto, un axioma epistemológicamente injustificado, y luego reunimos conocimiento sobre la base de este punto básico. Por contraste, el contextualismo sostiene que el conocimiento es un conjunto de creencias coherentes. Con el propósito de obtener más conocimiento necesitas “adentrarte” en este “sistema” de creencias coherentes. Los apologistas clásicos creen que puedes comenzar a partir de un cierto axioma independiente - independiente, es decir, del “sistema” cristiano - y luego continuar tu obra hacia adelante hasta por lo menos una validación altamente probable del cristianismo.
Por ejemplo, un apologista clásico puede decir, “Ud. no necesita aceptar al Dios de la Biblia y su sistema cristiano para creer que el registro histórico de la Biblia es mayormente verdadero. Hubo muchos testigos de la resurrección de Jesús y es difícil de creer que todos ellos - incluyendo a algunos incrédulos y escépticos - estuvieran confabulados para cometer un fraude. Por lo tanto, es altamente probable que Jesús se levantó de los muertos; y si Él se levantó de entre los muertos entonces es altamente probable que Él sea lo que dijo que era - el Hijo de Dios”. Este es uno de los principales argumentos históricos que usa el apologista clásico. Luego, existen argumentos experimentalistas. El principal de ellos es cómo el cristianismo ha cambiado las vidas de las personas: “Las grandes transformaciones de seres humanos a lo largo de la historia; la de todos aquellos mártires dispuestos a sacrificar sus mismas vidas por Jesucristo; el gozo, la paz y felicidad de la experiencia cristiana - todas estas cosas validan la Biblia y el cristianismo”.
Luego, claro, están los argumentos empíricos. Se sostiene que la evidencia científica tiene un gran valor probativo. Las dos principales variantes de este argumento son el cosmológico y el arqueológico. El argumento cosmológico (y no me estoy refiriendo al “argumento cosmológico” específico para probar la existencia de Dios) sugiera que la misma existencia del mundo y su evidente designio y naturaleza verifican la verdad de la Biblia y el cristianismo. Los argumentos arqueológicos sugieren que las evidencias tales como los restos físicos del arca de Noé y de las antiguas ciudades mencionadas en la Biblia validan la verdad del cristianismo.
Todas las variaciones de la apologética clásica aseguran que uno puede ser convencido de la verdad del cristianismo por algún factor o factores independientes del cristianismo como un “sistema”.
Apologética Presuposicional
En contraste, la apologética presuposicional es distintivamente contextualista. Nunca puedes validar el sistema hasta que te “adentras” en el sistema. No hay axioma independiente de ese sistema por el cual puedas “argumentar” en favor del cristianismo.
Esto en ninguna manera implica que no haya evidencia para el cristianismo. Los apologistas presuposicionalistas, por ejemplo, no argumentan que los registros de los testigos de la resurrección de Jesús sean sin importancia, o que el testimonio de que el cristianismo ha cambiado vidas de individuos sea deficiente, o que los datos empíricos que apoyan la verdad de la Biblia y del cristianismo no sean importantes. Los presuposicionalistas simplemente argumentan que todo esto debe ser entendido dentro de un contexto cristiano. Realmente esto es otra forma de decir que los presuposicionalistas creen que la apologética es fundamentalmente un asunto ético.
Aquellos que no aceptan el cristianismo - en otras palabras, los no-creyentes - no son disuadidos de su incredulidad por evidencia histórica, experiencial o empírica. Ellos tienen su propio contexto - un contexto incrédulo - dentro del cual interpretar esta evidencia. En palabras del supremo apologista presuposicional, Cornelius Van Til, no hay “hechos brutos”. Los “hechos” no hablan por sí mismos. Los hechos hablan desde dentro de un contexto particular. Por ejemplo, dentro de un contexto escéptico e incrédulo la amplia atestiguación histórica de la resurrección corporal de Cristo puede ser fácilmente explicada sin recurrir a la infalibilidad de la Biblia o a la verdad del cristianismo. Después de todo, pueden decir los escépticos, toda clase de cosas extrañas ocurren en el universo: “quizás Jesucristo sí se levantó de entre los muertos. ¿Y eso qué prueba?” O “no negamos que las personas que aceptan el cristianismo disfrutan de vidas transformadas. Esto es simplemente una nueva autoconsciencia religiosa. La misma cosa es cierta de muchos budistas, musulmanes y practicantes de la Nueva Era”. O aún, “claro, aceptamos tan rápidamente como Uds. los apologistas clásicos que hubo un arca de Noé, que se corresponde con lo que el libro del Génesis enseña. Pero esto no significa que la Biblia es la ‘inspirada Palabra de Dios’ o que el cristianismo sea verdad. Solamente prueba que el Génesis da un registro razonablemente seguro de un enorme bote que finalmente vino a reposar en lo que hoy es Turquía”.
Los presuposicionalistas saben que los hombres rechazan el cristianismo no por razones intelectuales, sino por razones éticas. Los no creyentes siempre serán capaces de dar por descontada cualquier evidencia que los cristianos puedan ofrecer, puesto que ellos pueden interpretar esa evidencia desde dentro de su propio sistema que rechaza a Cristo.
Esto es lo mismo que decir que, en última instancia, no hay verdaderos fundacionalistas. Todos los hombres son “contextualistas”, o presuposicionalistas. Los no creyentes interpretan la vida en términos de sus propias presuposiciones quebrantadoras del Pacto. Los cristianos interpretan la vida en términos de sus propias presuposiciones guardadoras del Pacto. La variación no está en los “hechos”. La variación se encuentra en la naturaleza ética del hombre.
El Argumento Presuposicional
Entonces, ¿cuál es el argumento real de los apologistas presuposicionalistas? Si rehúsa apelar a alguna fuente independiente de validación, ¿cómo puede entonces argumentar del todo? La respuesta a esa pregunta es tan profunda, así como es de simple: los apologistas presuposicionales no disputan que la historia, la experiencia, la arqueología, la física y la biología demuestran que el cristianismo es “probablemente” verdadero. Los apologistas presuposicionalistas argumentan que a menos que uno afirme el cristianismo no puede afirmar nada del todo. La apologética presuposicionalista es la última reductio ad absurdum (reducción al absurdo) - reduce al absurdo todas las otras perspectivas al demostrar que por su propia naturaleza esas perspectivas son insostenibles. Debes presuponer al Dios de la Biblia con el propósito de conocer o presuponer todo lo demás.
¿Significa esto que los no creyentes no pueden conocer nada? Claro que no, pero para conocer deben tomar prestado del sistema de verdad cristiano. Para ponerlo de otra manera, no pueden saber nada si permanecen consistentes con sus propias presuposiciones incrédulas. Ellos deben, como dice Van Til, actuar como la pequeña niña que debe sentarse en las piernas de su padre para poder abofetearlo en el rostro. Deben afirmar a Dios para poder negarlo.
La Apologética que no Compromete la Fe
Finalmente, la apologética presuposicionalista es el único método válido apologético, porque rehúsa comprometer la soberanía de Dios. La apologética clásica le concede gran autonomía al hombre pecaminoso. Implica para el no creyente: “eres totalmente libre para establecerte como juez, acusador y jurado sobre Dios y sobre la Biblia. Si escuchas toda la evidencia y si éstas llenan tus estándares rebeldes, comprometidos con negar a Cristo y negar Su pacto, entonces eres libre de aceptarlas. Por supuesto, si la evidencia no cumple tus estándares, eres libre de rechazarla”. Esto no es meramente ridículo; es también blasfemo. Los hombres no juzgan a Dios y Su Palabra; Dios y Su Palabra juzgan al hombre. Los hombres no conocen para creer; ellos creen con el propósito de saber. Cuando hacemos la voluntad de Dios entonces aprendemos Su doctrina (Juan 7:17). Cuando el Espíritu Santo regenera a los pecadores sus ojos son abiertos, y entonces pueden asir la verdad de la Biblia y el cristianismo. Hasta entonces están muertos en delitos y pecados y sus mentes y entendimiento están oscurecidos (Efesios 2:1-7).
Acerca del autor.
Es Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Calcedonia (http://www.chalcedon.edu). Ha escrito cientos de artículos eruditos y populares y muchas monografías.